CEJA DE CERILLAS
El manifiesto de Enrique Valentí contra la dictadura de los "restaurantes clon"
Puntos Destacados
La rebelión de lo auténtico: Por qué necesitamos más "Cajas de Cerillas"
Estamos cansados. Admitámoslo. Estamos cansados de esos locales que parecen fotocopias: mismos sabores, propuestas idénticas, una decoración de revista pero con el alma vacía y ese exceso de "fusión" que, a menudo, solo es confusión. En un Madrid donde las franquicias y los grandes grupos parecen estar dictando el final de la verdadera cocina, ha surgido un refugio de resistencia en el barrio de Chamberí: Caja de Cerillas.
En apenas seis meses, el chef Enrique Valentí ha logrado lo que parecía imposible: conquistar la capital remando a contracorriente. No ha necesitado de neones ni de platos con humo; le ha bastado con volver a las raíces y crear un bistró que es, por encima de todo, puro sabor.
Un puente entre el foro y el mercado: El estilo Valentí
Lo que vas a encontrar aquí es un restorán doméstico. Valentí plantea una casa de comidas tradicional donde manda la estupenda materia prima, pero con la sabiduría técnica de quien sabe que lo más difícil en cocina es la sencillez. Es cocina "como toda la vida", sin trucos ni fuegos artificiales innecesarios, pero ejecutada con una elegancia que sorprende.
La propuesta es un diálogo constante entre dos mundos: el descaro castizo madrileño y la sensatez del producto catalán. Aquí conviven con naturalidad una oreja frita impecable con un trinxat que te transporta al Pirineo, o unos canelones que rinden homenaje a la tradición dominical más pura. Es, en esencia, recuperar el gusto por el sabor auténtico en un formato que se siente fresco y necesario.
La dictadura del producto frente al marketing
En Caja de Cerillas no hay una carta kilométrica ni ingredientes traídos de la otra punta del mundo para impresionar. Es cocina de mercado sin artificios, pero con alma, donde el plato no necesita una explicación de diez minutos porque el aspevto y el sabor habla por sí solo.
Esa "innovación" de la que tanto se habla hoy en día, Valentí la aplica a la inversa: innovar es volver a hacer bien un filete ruso, un canelón que te eleva o un flan de huevo que te reconcilia con la infancia. Y ese revuelto que ha revolucionado Madrid y que tienes que probar.
Ocho mesas y un alma gigante
El nombre no es una estrategia de marketing; el local es realmente una "caja de cerillas". Con apenas ocho mesas, el espacio desafía las leyes de la rentabilidad masiva para priorizar la intimidad. Es un local pequeño, sí, pero con un servicio gigante.
En este rincón, el comensal deja de ser un número de reserva. La estrechez del local genera una atmósfera eléctrica y acogedora a la vez, donde el servicio es esmerado, cercano y, sobre todo, real. Es un entorno que huye del plástico y de los protocolos rígidos, devolviéndonos esa sensación de comunidad que solo se encuentra en las tabernas con historia.
Una filosofía de vida
Valentí aplica un método, una experiencia vital que trasciende lo gastronómico y no se pliega ni a modas, ni a imposiciones económicas.
Así, no sólo la pequeña carta o lo recogido y coqueto del local, sino también lo tradicional, lo aparentemente simple o la no apertura los fines de semana y unos horarios marcados entre semana. No es sólo un ejercicio de conciliación con la cocina de siempre, también lo es entre la vida profesional y personal.
El lujo de la normalidad
Caja de Cerillas es la prueba de que no hace falta inventar la rueda cada vez que abres un restaurante. A veces, la mayor vanguardia es sentarse en una mesa pequeña, rodeado de gente que disfruta, y comer un plato que sabe exactamente a lo que debe saber. Enrique Valentí nos ha recordado que, en un mundo de fuegos artificiales, la honestidad sigue siendo el plato más exquisito.
Ficha Técnica
Ubicación: Calle de Donoso Cortés, 4, 28015 Madrid (Chamberí).
Concepto: Casa de comidas
Ambiente: Desenfadado, íntimo y con esa esencia de "bistró" elevado a la excelencia gastronómica.
Instagram: @cajadecerillas